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Parque Cáceres: de parque a losa por un estacionamiento subterráneo

El ejemplo más importante de cómo un estacionamiento subterráneo no puede conservar un parque.

Jueves 26 de julio de 2018

Por Luis Enrique Pérez - @leperezpinto
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Otro de los casos emblemáticos es lo sucedido en el Parque Cáceres ubicado en la zona financiero del distrito de San Isidro, donde en noviembre de 1999 la gestión del entonces alcalde Gastón Barúa autorizó a la inmobiliaria Los Portales en construir un estacionamiento subterráneo de dos pisos.

Los estacionamientos subterráneos del Parque Cáceres cuentan con 545 espacios. Foto: Luis Pérez.

En 1996 la empresa Delbra y el Consorcio Inmobiliario Los Portales presentaron una propuesta para participar del Concurso de Proyectos Integrales realizado por la municipalidad del distrito denominado “Remodelación del Parque Andrés Avelino Cáceres”. Estas empresas participaron juntas y ganaron el concurso en diciembre del mismo año al ser el único postor que se presentó a la convocatoria, obteniendo la buena pro para la “remodelación” de ese espacio.

Según registra el contrato firmado entre la Municipalidad de San Isidro y Delbra - Los Portales en setiembre de 1999, el monto total de inversión a ejecutarse en las obras de la construcción del estacionamiento y la modificación del parque superaron los US$ 3'370,000. En este acuerdo, el consorcio tendría la concesión de la obra por 30 años, mientras que el municipio tendría la administración de la superficie.

Entre los argumentos de la empresa y la gestión de Barúa señalaron que la necesidad de este proyecto estaba en que el parque está “saturado de automóviles y otros vehículos que afean el aspecto y contaminan el ambiente”. Además, la empresa en su memoria descriptiva de la propuesta asegura que el área tenía un número insuficiente de árboles y de plantas ornamentales.

Respondiendo al primer argumento de la empresa, la abogada y vecina de San Isidro, Cynthia Yamamoto, señaló que las municipalidades no pueden proponer estacionamientos subterráneos porque no están ofreciendo un servicio a favor de la comunidad, sino que es básicamente el interés de un desarrollador privado para su negocio que ve una alternativa fácil la afectación de un parque.

Añadió que, si aducen que el parque estaba saturado de autos, es la municipalidad la que debía hacer una zona rígida y exigir a las empresas que tengan estacionamientos suficientes en sus edificios, ya que como se demostró con los años, la construcción de ese estacionamiento no solucionó el problema y se tuvo que construir otro estacionamiento soterrado en la avenida Rivera Navarrete.

Yamamoto, quien también postula como regidora a San Isidro en la lista de Siempre Unidos, la alternativa de los estacionamientos subterráneos funcionaría de forma eficiente si se construyen debajo de avenidas para que el espacio de superficie se gane como espacio público, generando vías peatonales, en zonas donde hay gran densificación de estacionamientos.

Respecto al segundo argumento, obtuvimos una fotografía aérea del parque Cáceres de 1985 y lo comparamos con la situación de ese espacio años después de la construcción subterránea. Encontramos que en el parque actualmente abundan macetones con cactus y pequeñas palmeras, y jardineras con plantas ornamentales estacionales que según las especificaciones están sobre una superficie de 10 centímetros de tierra arenosa.





Al observar la foto aérea de la década del ochenta, el ingeniero forestal, Guillermo Gonzales, señala que la afirmación de “árboles insuficientes” fue falsa ya que el parque contaba con más de 16 árboles de gran tamaño entre tipas y cedros que brindaron más servicios ambientales que las especies que actualmente se encuentran en la zona.

“Ellos adujeron que hay pocos árboles, pero al final los reemplazaron por cactus y palmeras que solo cumplen una función ornamental, meramente estético y contemplativo. Los árboles que fueron eliminados eran adultos y se habían fijado a la zona dando beneficios ambientales, limpieza de las partículas contaminantes, disminución del ruido, confort térmico, además de los beneficios a la salud mental y emocional”, indicó Gonzales.

“Las áreas verdes de este espacio público fueron sacrificadas, donde antes había árboles frondosos y captadores de carbono, ahora solo queda una enorme loza, que en verano es una gran isla de calor sin árboles que den sombra y en invierno una desolada y fría área”, añadió Gonzales.





Además, junto al ingeniero pudimos comprobar que la diferencia de profundidad entre la superficie y la construcción subterránea es de solo 86 centímetros, donde, aseguró que esa profundidad no permite las condiciones para la instalación de vegetación arbórea. “Por eso terminamos con un espacio lleno de concreto y donde se tiene que acondicionar las especies en macetones”, puntualizó.